Turistas disfrutan de las flores en el Palacio de Verano en Beijing el 22 de marzo de 2020.

Es importante tener en cuenta que la información proporcionada en esta serie está destinada únicamente a un conocimiento general y no reemplaza la consulta o tratamiento médico profesional.

Después del brote de COVID-19, los expertos chinos recomendaron que el público usara máscaras en la ciudad más afectada o durante reuniones públicas fuera del epicentro. Sin embargo, en realidad, la mayoría de las localidades requieren que las personas las usen en lugares públicos. Creo que existen cuatro factores principales para la aceptación de este requisito por la población china.

Primero, idealmente solo los pacientes necesitan usar máscaras, pero es difícil pedir a todos los infectados que las usen porque muchos casos no presentan síntomas o son leves. Según las pruebas realizadas a todos los ciudadanos japoneses evacuados de Wuhan, el 41,6 % que dio positivo no tenían síntomas. Otra investigación con 72 314 casos confirmados por el Centro de Control de Enfermedades de China mostró 889 enfermos sin síntomas, lo que representa el 1,2 % del total.

En segundo lugar, es muy difícil, si no imposible, que el público en general mantenga una distancia adecuada en muchos lugares públicos debido a la gran densidad poblacional. La provincia de Hubei, con cerca de 60 millones de habitantes en 2019, aproximadamente como la de Italia, cuenta con una superficie terrestre de solo el 61 % del país europeo.

En tercer lugar, debido al desajuste costo-beneficio, los contagiados prefieren no usar mascarillas. Si solo ellos lo hacen, no existe beneficio alguno, solo costos; dificultad para respirar, gastos e incluso discriminación. Por supuesto, esta acción ayudaría a las personas sanas.

Cuarto, China tiene la capacidad de satisfacer la demanda de mascarillas en un corto período de tiempo. Solo en el mes de febrero de este año, por ejemplo, la producción diaria y real de máscaras aumentaron 4,2 veces y 11 veces, respectivamente. El 2 de marzo, estas excedieron los 100 millones, suficiente para el personal médico de primera línea y para el público en general.