Tras el anuncio el domingo de la embajada de Estados Unidos en Ankara de suspender la entrega de visados en todas sus sedes a nivel nacional, mientras se realiza una "reevaluación del compromiso del Gobierno de Turquía con la seguridad de las instalaciones y del personal de la misión estadounidense" en el país, las autoridades turcas dieron a conocer a su vez la toma de medidas recíprocas con una nota igual.

Washington ya había expresado su preocupación por el arresto la semana pasada de uno de sus empleados en Estambul. Sobre Metin Topuz, un exagente de la Administración antidroga del país norteamericano, pesa la imputación de estar vinculado con policías y jueces implicados en las operaciones anticorrupción de diciembre de 2013 contra funcionarios gubernamentales turcos, hecho que el presidente, Recep Tayyip Erdogan, consideró un “golpe” en su contra perpetrado por el movimiento del religioso Fethullah Gülen.

Ankara ha pedido en varias ocasiones la extradición de Gülen de Estados Unidos sin éxito por haber planeado el derrocamiento del Estado fallido el 15 de julio de 2016. El rechazo de Washington se ha sumado a otros desacuerdos que incluyen la entrega de armas a la milicia kurdosiria YPG/J, afín a la guerrilla kurdoturca PKK, y la captura en marzo de 2016 del empresario turcoiraní aliado oficialista, Reza Zarrab, investigado por un esquema financiero para evadir sanciones a Irán.

Después de unas relaciones un tanto complicadas con Obama, su sucesor, Donald Trump, no parece muy afín a Erdogan, tanto así que ahora Turquía corre la misma suerte que otros países en la lista negra como Venezuela, Yemen, Siria, Corea del Norte o Irán.